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‘Ahora todo es noche’ demuestra que, para La Zaranda, 40 años no son nada.

20 abril, 2018

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La Zaranda ya es cuarentona, este año la compañía celebra el aniversario de sus cuatro décadas sobre los escenarios mostrando al público madrileño su más reciente producción Ahora todo es noche. Un montaje que, desde el Teatro Español, vuelve a enfrentarnos a nuestra propia desnudez utilizando su teatro como espejo; un teatro que como Paco de la Zaranda y Eusebio Calonge dicen “nos obliga a seguir” a pesar de confesar que después de cuarenta años sobre las tablas, las energías ya no son las mismas. En esta ocasión han querido crear un espectáculo con lo mínimo en escena porque, como nos confiesan, prefieren realizar este viaje “ligeros de equipaje”.

En este nuevo montaje nos encontraremos con tres nombres clásicos: Prometeo, Segismundo y el Rey Lear, que ahora viven en la mendicidad y buscan refugio. La noche ha caído, pinta bastante desapacible y hay que hallar dónde poder resguardarse. A través de las acciones y reflexiones de estos tres mendigos, y su mundo de cajas de cartón y tronos sombríos, descubriremos la condena a la invisibilidad, el desamparo y la carencia de luz en la que se encuentran sumidos… ¿sólo ellos?, ¿qué nos separa de su estado?.

Ahora todo es noche es un espectáculo de risas desesperadas, de pensamientos y oscuridad, de miradas ahogadas en el interior, momentos asfixiados que acaban por descubrirnos que la fe se impone, la que los miembros de La Zaranda tienen en el teatro: “Yo no creo en el teatro, pero sí le tengo fe” dice Paco de La Zaranda “El teatro sin fe no nos interesa”. Y es que, aunque la noche de la que nos hablan, parece no tener fin, a través de la mirada de su teatro, de sus tres protagonistas, interpretados por Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez, descubriremos que realmente falta menos para la luz, solo hay que resistir. “La esperanza está en la lucha”.

Tanto Paco como Eusebio están de acuerdo en que estos “no son buenos tiempos” y han buscado la manera de sacarle partido a la situación para, a través de las metáforas, las múltiples lecturas y los símbolos, lanzar una reflexión que, para ellos, “es más importante que el propio argumento”. Reflexiones que se clavan en el espectador: “De tanto esperar un mañana, me quedé sin futuro”… “Cuando tiras los recuerdos se convierten en olvidos”… “Perder la fe sería estar muerto, y no hay nada peor que sentirse muerto estando vivo”… y que masticaremos durante mucho tiempo después de la función.

Una vez más La Zaranda, con su forma de contar, logran que nos miremos hacia dentro en un intento de conocernos un poco más. La risa, la congoja, la ternura, incluso la aspereza, siguen siendo caballos de batalla universales que cobran poder con su teatro. Hace tiempo que pasaron de ser una “Compañía Inestable de Andalucía la Baja” a “Compañía Inestable de Ninguna Parte”… pero quizá sea al contraro, que sean de todas, porque quien comparte momento con ellos, sin importar el punto del planeta, desea quedárselos para siempre.

Texto José Antonio Alba

 

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