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José Gómez-Friha: “El teatro tiene que durar media hora más después de los aplausos”.

9 mayo, 2018

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En estos días se ha estrenado Beatrice en Madrid, la última producción de la compañía Venezia Teatro con la que se ha querido revisar su primer montaje La Hosteria de la Posta, cerrando así un ciclo que supone, a la vez, una apertura hacia nuevas vías de expresión y expansión para su director José Gómez-Friha, cuya carrera está vinculada a nombres tales como Josep María Flotats, la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, Eduardo Vasco o Juan Mayorga.

El equipo de Teatro Madrid quisimos acercarnos a la recién estrenada sede que la compañía tiene en Madrid para conversar con José Gómez-Friha y que nos contara cómo están resultando estos primeros siete años de andadura para Venezia Teatro.

Teatro Madrid.- Con Beatrice regresas sobre La Hostería de la Posta, ¿qué te ha animado a hacer esta revisión de vuestro primer montaje?

José Gómez-Friha.- Íbamos a reponer Casa de Muñecas, pero no pudimos – La coincidencia de fechas con el Burlador de Sevilla de la CNTC mantenía ocupada a Mamen Camacho, quien interpreta a Nora en la versión de Venezia – Hablamos con Smedia sobre reponer La hostería de la posta; al principio no me apetecía mucho, pero soy de los que cree que siempre que pasa algo, que no está dentro de tus planes, es porque algo se te quiere enseñar o que puedes aprovechar para aprender algo nuevo. Y pensé “¿Por qué no produzco La hostería de la posta con mis conocimientos nuevos?”

TM.- ¿En qué se diferencia del original?

JGF.- Beatrice es La hostería de la posta, en el programa de mano escribí “Es el mismo espectáculo porque nosotros somos los mismos, pero es muy diferente porque han pasado siete años”. Tiene muchos significados tanto personales como profesionales el rehacer La hostería. Este Beatrice tiene poco de diferente y mucho de diferente, hay partes más estéticas, partes más gamberras, pero creo que el espectador que viese la otra Hostería no se aburrirá y tendrá la sensación de que está viendo la misma por mucho que haya cambiado, si es que ha cambiado, y por otro lado quería mostrárselo a toda la gente que comenzó a conocer Venezia a partir de Los desvaríos del veraneo, enseñarles en qué espectáculo nació Venezia. Venezia nació en Goldoni.

TM.- ¿Por qué el cambio de título?

JGF.- Una parte de mi cabeza como productor piensa en el título y sé que Beatrice es más llamativo, pero también porque la lectura de la obra está centrada en ese personaje.

TM.- La evolución entre el primer título y esta Beatrice ha marcado un camino muy concreto para Venezia, pero sobre todo para ti, ¿cómo ha sido esa evolución?

JGF.- Yo no me dedico a esto por vocación, me dedico porque me enamoré. Lo dejé prácticamente todo y dediqué el 100% de mi tiempo a soñar y analizar el teatro.

TM.- Te enamoraste hasta las trancas porque acabaste interpretación en la RESAD y comenzaste dirección…

JGF.- Sí, y el máster… y el doctorado… Me formé. La compensación interna ya la tenía, el lado artístico ya estaba, pero lo que necesitaba era la compensación de vida, poder mantenerme de esto y mi padre me dijo “Jose, no esperes jamás a que nadie te ofrezca nada, genératelo tú” y casi me cogió de las orejas y me ayudó a empezar los trámites de empresa. Y eso no se lo podré dejar de agradecer jamás.

Ahora ha tocado hacer el lado sucio, el que no te va a hacer nadie, el de la producción, llamar a puertas, que te programen, pedir créditos, invertir lo que has ganado y ahí es donde doy un salto muy importante.

TM.- ¿Y se ha convertido en tu estilo de vida? 

JGF.- No es el estilo de vida que quiero tener, pero he asumido que no se puede parar, hay que estar presente. Tu nombre tiene que estar presente continuamente. La intención es que llegue un momento en el que pueda dedicarme cinco meses solo a un proyecto, con sus dos meses de investigación, dos de preproducción y el mes de exhibición. Yo no quiero ser productor, es algo que estoy aprendiendo para conseguir otras cosas, lo que yo quiero es dedicarme únicamente al entorno artístico de Venezia, ser su director artístico.

TM.- Hacer compatibles la parte de producción y la artística, en muchos momentos debe resultar complicado, ¿cómo llevas esta dualidad?

JGF.- Al principio me costaba muchísimo, es hablar con dos personas en un mismo cuerpo, lo que pasa que yo ya diseño como artista ciñéndome a la situación económica o pienso en la estética del espectáculo sabiendo hasta dónde puedo llegar, pero me ha costado mucho. Llegó un punto en el que tuve que dividir al José Director, al José Productor y al José Persona, porque me había olvidado un poco de él. Ahora he aprendido que cuando doy un paso fuera de nuestro local soy José Ramón Gómez y cuando estoy dentro soy José Gómez-Friha. Mi manera de pensar tiene que ser totalmente diferente, mi manera de comunicarme. Hipotecas mucho tus relaciones personales.

Estoy trabajando para que me vaya muy bien. No me han regalado nada, lo lucho. Hay días que te levantas que dices ¡esto es una locura! Son muchas dificultades y no vale paralizarse.

TM.- Esto es fácil de decir, pero no es tan fácil de llevar a cabo cuando además tus relaciones personales se mueven en un el mismo entorno que las profesionales, ¿no?

JGF.- Se requiere cierto grado de inteligencia emocional para saber que, si estás trabajando con un amigo, ese trabajo puede poner en peligro la amistad, pero debemos tener claro los dos que, de puertas hacia dentro, vamos a trabajar y a atacar los egos profesionales, que es lo más sano del mundo; que podré decirte una nota como actor que te pueda doler, pero sabiendo que lo que te está doliendo es tu ego profesional. Ahí hay que ser muy listo y saber separar porque si no se separa, lo más probable es que la relación se estropee.

Los espectáculos solo se deben construir con el 100% de energías positivas. Si el equipo está contento de mostrar y yo de lo que están mostrando, ese espectáculo tiene que funcionar. Somos personas que se exponen por su trabajo y debemos estar sanos por dentro. Hay que sentir odio y envidia, por supuesto, pero en su medida justa, el problema está cuando se desborda y lo prolongamos más de lo debido y nos afecta a otras cosas.

Hablo mucho con los actores y les pido opinión. Me gusta que el trabajo sea de tú a tú y muchas veces su opinión es lo que me llevo a mi dirección porque me convence y eso hace del espectáculo algo mucho mejor. El concepto de director está evolucionando y estamos abandonando esa imagen del director que todo lo decide. Estamos entrando en nuevas figuras y maneras de dirigir.

TM.- La Hostería, La Isla de los esclavos, Los desvaríos del veraneo, Tartufo, Casa de Muñecas y de repente, la Escena Nº12. ¿Un experimento como dramaturgo o una nueva línea a explorar por Venezia?

JGF.- Tardé tiempo en asimilar que Escena Nº12 entrase en el cuerpo de Venezia. Tuve que definir una nueva línea para que encajase, que es la línea de Teatro de Cámara de Venezia. Son espectáculos donde no hay diseño de escenografía, diseño de vestuario, lo único que se pretende es un trabajo con el actor, el más profundo que se pueda conseguir. Es curioso porque el culpable de Escena Nº12 es Juan Mayorga.

TM.- ¿Por qué?

JGF.- En el master teníamos que escribir aunque no fuéramos dramaturgos – El Máster en Creación Teatral de la Universidad Carlos III de Madrid que dirige Juan Mayorga – El primer día que lo leí me puse a llorar, pero durante todo el proceso me tranquilizó tener su apoyo. Empecé a escribir y Mayorga hizo que me sorprendiera y… ¡estoy muy contento de ese texto!

Creo que Mayorga es la única persona que me ha demostrado en España ser maestro, he tenido fantásticos pedagogos, pero hay un paso para ser maestro y Mayorga te hace sentir, sin quererlo ni demostrarlo, que estás delante de un maestro. Hacer que la disciplina que dominas como maestro la pueda llegar a hacer alguien que en su vida lo hubiera pensado… A Mayorga le debo regalarme el valor para poder escribir y la apertura de línea de Cámara de Venezia Teatro, con la que haremos textos contemporáneos escritos por mi o por autores jóvenes y que van a iniciar la línea editorial de Venezia Ediciones programada para octubre, para lanzar los tres primeros volúmenes.

TM.- ¡Esto sí que es una sorpresa! además de ser compañía, ¿Venezia publicará sus propios textos?

JGF.- ¡Es que se me ocurren cosas y hay que hacerlas! Es estirar a la compañía, nunca se sabe dónde se van a asentar las cosas. Al principio parecen las cosas muy difíciles, pero después digo: “¡¿por qué no?! Si he escrito una obra de teatro ¿por qué no ponerla a la venta? O ¿por qué no meter la versión de Beatrice, que tiene una versión potente y estilizada, o la de Los Desvarios del veraneo?”. No va a ser simplemente el texto, va a ser el texto con la puesta en escena. Ahora estamos desarrollando esa idea, pero eso será en octubre o noviembre, si es que llegamos.

TM.- Ya generasteis cierta polémica con el final de la versión de Casa de Muñecas y sé que en Beatrice estáis dudando con un final como ya sucedió con La Hostería, ¿es una forma de decir que lo inesperado en el teatro tiene que permanecer hasta que el público se marcha de la sala? ¿Es vuestra forma de crear un sello?

JGF.- Sí, va a haber cambios. Se ha convertido en una especie de sello, pero ahora estoy en ese momento en el que pienso que ese sello nunca tiene que ser forzado, siempre tiene que ser una consecución lógica.

El público no tiene que salir feliz del teatro sin pensar, tiene que salir feliz y opinando. O triste, o enfadado o pensando “no me ha gustado, pero ¿por qué no me ha gustado?” Un espectáculo es bueno si la gente después de verlo está hablando de él a la puerta del teatro. En cuanto hay confrontación hemos ganado algo. El teatro tiene que durar media hora más después de los aplausos. No es tontería que el Cyrano de Flotats o que El Público de Pasqual sigan en boca de la gente, eso es porque debió ser algo muy importante, lo banal no pasa a la historia.

TM.- Además de la palabra, vosotros dais mucha importancia a la estética en la puesta en escena, en el cartel, vestuario… jugáis a fusionar ciertos componente actuales con la época de la que provienen los textos. ¿Esto ya forma parte de vuestra filosofía?

JGF.- Nuestro lema es ‘Ética y Estética’. La estética es esencial porque cuenta mucho de la lectura y agrada al espectador. De alguna manera la estética tiene que estar lo más perfecta posible para servir de vehículo para la historia y sostener al espectador; además un actor hará mejor un trabajo si entiende la estética, ya sea por ser nula o emperifollada, pero para Venezia es muy importante, lo que contamos con el vestuario, los colores, los suelos… jugamos a través de eso.

TM.- Haciendo balance y lanzando una mirada hacia el futuro, ¿cómo ves a Venezia Teatro?

JGF.- Me siento muy satisfecho a nivel profesional, cada vez van mejor las cosas. A día de hoy, afortunadamente, Venezia sigue creciendo y puede mantenerse. Cada vez son menos días los que quieres tirar la toalla, pero todavía existen.

Ahora tenemos la gira del Tartufo que está funcionando muy bien y para el año que viene tenemos una posible nueva producción que no podemos decir qué es. Repondremos Casa de Muñecas, con la que empezaremos gira, y quizá en un año Venezia se merezca un par de años de descanso, creo que en siete años seis producciones está bastante bien. Siento que Venezia ahora es una compañía que está cerca de consolidarse, si no consolidándose. Ahora es más real su permanencia que su desaparición.

Texto José Antonio Alba

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