Todo lo que necesitas para ir al teatro

José Juan Rodríguez: “En ‘El Burlador de Sevilla’, después de dos meses y medio de trabajo, solo habíamos cobrado los ensayos”.

8 junio, 2018

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El Pavón Teatro Kamikaze vuelve a convertir su Ambigú en una nave espacial para que juguemos a escapar de la destrucción del planeta Tierra con Las crónicas de Peter Sanchidrián, escrita y dirigida por José Padilla. Un acercamiento al género de la ciencia ficción en el teatro que hemos utilizado como excusa para poder charlar con uno de los actores que componen su reparto: José Juan Rodríguez. Un nombre que los aficionados al teatro reconocerán por estar vinculado estrechamente a la compañía Grumelot y al trabajo de Pablo Messiez y a quien recientemente hemos podido disfrutar en la versión que Josep María Mestres ha dirigido de El Burlador de Sevilla en el Teatro de la Comedia para la CNTC.

Hemos querido conocer más sobre José Juan Rodríguez, actor granadino que ha conversado con Teatro Madrid sobre estas dos producciones que actualmente le tienen saltando de un escenario a otro, la problemática que sufren las compañías que entran a trabajar en los teatros del INAEM y, sobre todo, conocer su forma de entender la profesión.

Teatro Madrid.- Jota, si miramos tu curriculum, encontramos a William Layton, la CNTC, en su modalidad juvenil y adulta, nombres como Andrés Lima, Pablo Messiez, Grumelot

Jose Juan Rodríguez.- Empecé en Granada y de ahí me vine a Madrid, entré en el Laboratorio de William Layton. En segundo empecé a trabajar un texto de Koltés, Antonio Llopis se unió y Paco Ojea nos propuso hacer la compañía de Layton, hicimos un montaje de Koltés y otro de Ionesco.

TM.- Y de ahí a la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico.

JJ.- Sí, de ahí pasé a la Joven. Mientras tanto trabajé con José Carlos Plaza en Granada, en alguna ópera, también haciendo alguna figuración de zarzuela. Siempre me he buscado la vida a la vez que estudiaba.

TM.- Cuando estás comenzando, el tema de la figuración resulta muy interesante de explorar.

JJ.- ¡Claro que sí! Aprendes un montón. Además de que es muy divertido porque, como eres el último mono, nadie te echa cuentas; bueno, depende mucho del director, Els Comediants se preocupaban mucho porque hacíamos de animales y el trabajo era muy físico. Aprendes mucho sobre la técnica y sobre lo que quieres hacer.

TM.- Después del periplo en la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, comenzaste a interesarte por otro tipo de teatro, ¿no?

JJ.- En los últimos años en el Clásico empecé a investigar y creé una compañía, empezamos a investigar, a trabajar sin texto. Sobre todo investigábamos como estar en escena, la presencia. ¿Qué es eso del teatro? ¿Es solo texto? Nos despojamos de eso, empezamos a mezclarlo con danza, y volvimos al texto.

TM.- Deshacer para después construir.

JJ.- Sí, era una forma de llegar a las conclusiones a las que todo el mundo ha llegado, de porqué se hace así, no darlo por hecho.  Por ahí estaba Grumelot, nos conocíamos porque somos más o menos de la misma promoción, ellos de la RESAD y yo de Layton. Íñigo Rodríguez-Claro, Javier Lara y yo coincidimos en la Joven, en la primera promoción y como ellos también investigaban mucho, nos empezamos a interesar unos por otros. Ahí apareció Messiez, los Grumelot le liaron para Los brillantes empeños. Las redes del teatro tienen su lógica. Creo mucho en ello. Trabajar en teatro es eso, las redes y los lazos que creas.

Quién nos iba a decir a nosotros que después de querer hacer algo clásico como Los brillantes empeños iba a llegar Todo el tiempo del mundo o que el Kamikaze lo iba a apoyar ¡y ahora nos sentimos como compañía! Y queremos seguir trabajando juntos. Un 60% del trabajo está hecho. Nos miramos y sabemos, nos conocemos.

TM.- ¿Qué sientes que te ha aportado encontrarte por el camino con Grumelot y con Pablo Messiez?

JJ.- Con Grumelot y Pablo, al ser una compañía de amigos, hay espacio para desarrollar algo que tu creías que no era válido, que eso no se quería en el teatro, que tenías que resolver, que tenías que hacer las cosas de una manera concreta, que te tenías que quitar el acento de Granada para tener que decir todas las letras, que te tenías que neutralizar, porque es lo que crees que tienes que hacer, es lo que te enseñan en las escuelas , pero al cabo del tiempo vas diciendo ‘¿por qué? ¿Por qué me tengo que neutralizar?’ ¡Neutralizarse! ¡Qué feo suena! La individualidad de cada uno es fantástica en escena. No es que nadie te lo dijera, pero si hay algo por ahí, en general, que si no tienes cuidado de repente te estás viendo haciendo los deseos de los demás en vez del tuyo.

TM.- ¿Cómo ha sido el reencuentro con el Clásico?

JJ.- Volviendo al trabajo con Grumelot y Pablo… Ese trabajo me ha dado mucha confianza como actor para llegar y decir ‘Este trabajo que estoy haciendo es válido’ Cuando empiezas en la Joven es como que estás ahí para hacer lo que te dicen, eres joven y estás para aprender, pero luego piensas ‘Hay algo con lo que no estoy cómodo del todo’ y de repente encuentras un espacio para decir ‘No, no estoy aquí para hacer lo que quieran, ¿cuál es mi deseo para estar en escena? ¿Cuál es mi deseo para poner esto aquí?’  Y esto me ha servido para volver al Clásico con mi maleta, no para llegar y decir ‘¿Qué tengo que hacer?’ Si no llegar y decir ‘Yo quiero hacerlo así y me parece valido, vamos a trabajar juntos’. Supongo que también tiene que ver con la edad. Ahora me he podido permitir negociar a la hora de decir textos, de estar en escena, y tampoco es que me haya hecho falta porque, cuando vas por derecho, te lo compran enseguida y más contando con alguien como Mestres.

TM.- ¿Cómo ha sido trabajar con Josep Maria Mestres en El Burlador de Sevilla?

JJ.- Mestres tiene una mirada muy abierta, siempre dispuesto al diálogo y pendiente de ver qué era lo que proponíamos.

TM.- Sería absurdo no escuchar a semejante elenco como el de esta versión que hemos podido ver de El Burlador, ¿no?

JJ.- El elenco es una maravilla, todas esas generaciones juntas y todas teniendo su momento en la obra.

TM.- Hablando del paso de El Burlador de Sevilla por el Teatro de la Comedia es inevitable no preguntarte por los problemas que habéis tenido para poder cobrar vuestras nóminas. El público general desconoce la situación en la que os encontráis cada vez que sois contratados para trabajar en alguno de los teatros del INAEM.

JJ.- Esto viene sucediendo desde el 2014 tras el montaje de Como gustéis, por la intervención de hacienda de los gastos públicos. Una vez que se hacen las nóminas, tienen que pasar por hacienda para darles el visto bueno.

Nos parece bien que haya un control del gasto público, la cosa es ¿por qué tiene que ser la intervención antes? ¿No se puede buscar cualquier fórmula para cobrar a final de mes? Hay mil fórmulas para hacerlo, pero no entendemos porque se ha elegido esta. No queremos pensar que hay mala voluntad, pero se ha elegido esta fórmula que no nos beneficia. Llevábamos trabajando desde el 19 de febrero y hemos cobrado el mes de abril antes de ayer – La entrevista se realizó el pasado día 1 de junio – Por lo tanto, después de dos meses y medio de trabajo, solo habíamos cobrado los ensayos. Y encima este mes, por las huelgas por el tema de la Zarzuela, se ha retrasado 10 días más sumadas al retraso habitual.

TM.- ¿De ahí viene la idea que habéis estado llevando a cabo desde que comenzaran los retrasos en los pagos leyendo, al finalizar la función, un comunicado ante el público?

JJ.- Decidimos hacer este comunicado, no sólo como queja particular, que lo es, sino para compartir con el público y el resto de compañeros que esta situación se da desde el 2014 y que estaría bien que todas las compañías que entremos ahí dijéramos ‘No es justo que esto se dé’ para que se intente cambiar. Al final sabíamos que íbamos a cobrar, pero queríamos que se supiera. Pepe Viyuela lo hizo muy bien. Nos importaba mucho que no quedara como un caso particular y la Unión de Actores nos pasó comunicados de compañeros anteriores, Pepe los revisó y lo leyó. Nos hemos dado cuenta que la gente no conoce el caso, pensaba que el público lo sabía, pero no, ¡qué va a saber sobre el funcionamiento interno de esto! Estaría bien que se hiciera siempre, que cada producción que entre, en el primer retraso lo leyera, a ver si así, en un momento dado, se plantean cambiarlo.

TM.- Cambiando de tema. La ciencia ficción puede parecer que no es un género muy cercano al teatro, pero de repente llegáis con Las crónicas de Peter Sanchidrián y todos quieren veros, ¿qué tiene esta función que causa tanta atracción?

JJ.- Todo comenzó en el Teatro de la Ciudad, José Padilla escribió Aracnos para representarla allí, en La Abadía, la hacían Cristóbal Suárez y Juanan Lumbreras. A partir de ahí a Jose se le ocurrió tirar del hilo y creó el personaje de Peter Sanchidrián que ahora hace Juan Vinuesa. Las crónicas de Peter Sanchidrián claramente está inspirado en las pelis de serie B, a mí me recuerda mucho a la serie de Alfred Hitchcock presenta, la recuerdo de verla de pequeño, que comenzaba la historia y de repente cambiaba a una cosa muy rara que daba miedo o era de intriga, ciencia ficción… pues es ese ambiente porque parece que va a empezar con una cosa y de repente se suceden un montón de historias que no tienen nada que ver.

TM.- ¿Para ti que hay en el interior de Las crónicas de Peter Sanchidrián ?

JJ.- Veo mucho las inquietudes de José Padilla, su mundo. Lo conoces más. En realidad pasa con todos los autores, cuando trabajas sus textos comprendes mucho su manera de ver la vida, sin analizarlos. Hay mucho corazón del autor y eso lo percibe mucho el público.

TM.- ¿Pensasteis en algún momento que tendríais esta acogida?

JJ.- Nos sorprendió mucho la reacción de la gente. Teníamos la inquietud de cómo lo iba a recibir el público, a nosotros nos gustaba, pero no nos imaginábamos que el público iba a ser un personaje más. No paran las risas durante toda la función, ¡es un descojone! ¡Teníamos que parar porque no dejaban de reír! Recibir que el público está tan con nosotros en el juego es muy guay. La función la hacemos todos, la iniciamos nosotros lanzando la bomba, pero el público la continúa con la cercanía.

TM.- ¿Cómo estás viviendo tú este momento en el que te encuentras entre dos proyectos tan distintos, El Burlador de Sevilla por un lado, con el que volveréis en Julio al Festival de Almagro, y el reencuentro con Las Crónicas de Peter Sanchidrián en el Kamikaze?

JJ.- El salto del clásico a Las Crónicas lo estoy disfrutando mucho, nunca había tenido cosas tan dispares y tan continuas. La complejidad del verso, hablando directamente a 400 personas en el Teatro de la Comedia lo he disfrutado mucho. Me siento con mucha suerte por hacer un texto como el de Tirso y un texto como el de Jose que tiene una exigencia técnica que a priori piensas que no, pero que la tiene. El trabajo con José es muy técnico, en el sentido que le gusta ir mucho a pie, a velocidad. Me encanta hacerla porque es un trabajo muy complicado y con una exigencia física muy grande, estás en un código muy expresionista.

TM.- ¿La función tendrá más vida a parte del ambigú del Pavón?

JJ.- En un principio no, de hecho creo que por programación no habrá ni prorrogas. El Pavón quería que estuviéramos otra vez más, incluso se planteó hacerlo en la  sala grande, pero en esta obra la cercanía es lo que da el juego. Estás jugando a contar mentiras, alrededor del fuego, y eso hace la obra. Creo que por eso se decidió seguir apostando por el formato pequeño.

TM.- A parte de tu trabajo como actor, colaboras como asesor de movimiento para otras compañías

JJ.- Grumelot cuenta conmigo, las clases que doy con ellos son de movimiento, y tengo un grupo de ex alumnos de Layton a los que doy clases de improvisación, para acercarnos a la técnica actoral desde el movimiento. Pero fue de rebote, empecé a estudiar con Arnold Taraborelli, de ahí me picó la curiosidad y empecé a estudiar con gente de la danza contemporánea. Descubrí lo que más me interesa y que he investigado con mi compañía, que es la presencia. Lo primero que ve el público es un cuerpo y ahí ya se está contando algo. Eso es lo que va construyendo lo que va a suceder. Fue la danza la que me llevó a estas reflexiones, siempre enfocándolo, no para bailar si no para estar en el escenario.

No hay nada más teatral que lo textos clásicos. Esas pausas, los apartes al público, regresar a la acción, y pienso: ‘Si yo puedo torcer el cuerpo en el espacio de una manera, puedo hacerlo con el texto’ Es como moldear la mente. Si moldeas el cuerpo hay algo que también moldea la mente y el texto.

TM.- Proyectándote en el futuro, ¿con qué fantaseas?

JJ.- Hacer un Esperando a Godot dirigido por Pablo Messiez, yo de Estragón e Iñigo Rodríguez-Claro como Vladimir. Y con Carlos Tuñón me gustaría trabajar, nos hemos hecho amigos este año, he hecho un taller con él y me encanta su visión del teatro, he aprendido un montón con él, a mirarlo desde otro lado; una mirada más serena y con paciencia, a largo plazo y me encantaría trabajar con él.

Texto José Antonio Alba.

Fotos Eduardo Moreno y Enrique Cidoncha

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